lunes, 13 de abril de 2015

¿ Educamos para la democracia?





“La ética no se dice, se muestra”
                                                                                 Wittgenstein


Imagen de  L@uR@



Como humanidad, avanzamos día a día rumbo a la sociedad del conocimiento concebida como aquella donde el conocimiento y el saber son los parámetros que condicionan y/o gobiernan la constitución y organización de la sociedad actual. 

Si es así, entonces ¿Podemos afirmar que educamos  jóvenes éticos y autónomos que consolidarán en lo futuro nuestra incipiente democracia mexicana?

Si bien el modelo educativo en México -en el nivel de básica- se avoca en alguna medida, a la formación de educandos para la autonomía; en la práctica como padres, maestros, tutores y sociedad fallamos. No ilustramos  del todo a los educandos para la argumentación y el discernimiento. 

El alumno, hijo o ciudadano que disiente se le ve como adversario, si no es que como enemigo. En los diferentes ámbitos, se privilegia, en muchos de los casos,  la uniformidad de pensamiento. También se premia, en no pocas veces, la sumisión. 

Si el sentido de educar para la democracia, consiste en saber argumentar, discernir y dar sentido a las decisiones personales y colectivas; entonces las elecciones que se toman a diario en el aula, la escuela, familia y sociedad, debieran ser oportunidades inmejorables para acrecentar estas competencias ciudadanas.

 Las Tecnología de la Información y la Comunicación (TIC) por sí solas, no generarán per se competencia ciudadanas; son las buenas prácticas éticas las que incentivarán esos saberes. 

La presente campaña electoral también constituye una plataforma de oportunidades para discernir en colectivo. Revisar las plataformas digitales y redes sociales que lo diferentes partidos y políticos ofrecen, es un laboratorio digital idóneo para iniciar este ejercicio democrático. Observar los diversos perfiles de los candidatos, así como sus discursos y  propuestas ausentes o presentes; es una forma de enseñarles a debatir con argumentos sólidos e informados.

Educar a los internautas jóvenes, futuros ciudadanos, a tomar decisiones éticas en lo personal y en lo colectivo en la presente sociedad del conocimiento, no sólo es nuestra obligación, también es nuestro derecho.









lunes, 6 de abril de 2015

Reputación e identidad digital ¿A quién le importa?



En la presente sociedad de la información definida por la generación, la gestión y el uso de datos; los no nativos y nativos digitales se encuentran expuestos ante un gran cúmulo de información disponible en internet.
El universo de esta información la conforman sobre todo contenidos multimedia, textos, sonidos, imágenes y bases de datos, así como datos personales que  contribuyen  a crear nuevas identidades personales en el mundo digital.
La Web 2.0, cuya sociabilidad inició desde los años 90, ha crecido de forma exponencial. Este expansión ha propiciado una evolución en el rol del usuario tradicional de la web; es decir, no sólo es consumidor de información, también es participante, gestor, generador  y comunicador de datos.
Sin embargo, un gran sector de usuarios de la web 2.0 no necesariamente saben utilizar las nuevas tecnologías. Es decir, carecen de habilidades digitales que constituyen hoy en día competencias imprescindibles para el ciudadano del siglo XXI. Para el caso: la competencia de gestionar con ética, eficacia y eficiencia la propia identidad digital.
La identidad digital se constituye por todo aquello que nos identifica como individuos en el entorno web, misma que unifica la esfera personal y virtual.
En el contexto de la Red, el usuario está expuesto a la investigación de su  reputación digital, ya que esta es posible de ser identificada, extraída, clasificada y analizada. Dicha indagación se realiza con herramientas tecnológicas de vanguardia muy precisas, que revisan los siguientes datos:
reputación digital.png
Un aspecto importante dentro de la metodología de la indagación de la reputación digital u online de un individuo, consiste en denotar que para el investigador, el acceso a los contenidos no es lo primordial, sino al sentido y significación que  el propio usuario les otorga. De ahí que la información que genere el sujeto en la red, puede favorecer, o no,  a su propia reputación digital.
Finalmente la representación del “ yo digital” en la web, en tanto identidad digital, supone hacer un uso responsable y ético de todos y cada uno de los contenidos a utilizar desde las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC).

En breve: la evaluación de la reputación digital, es un asunto de importancia mayúscula no sólo para terceras personas, también es un asunto esencialmente personal.